Jorge Loira renace en sus rimas


Un abarrotado Centro Social acogió la presentación póstuma de su obra “Tetraedro”


Un Centro Social do Mar lleno hasta la bandera recibió ayer con emoción y alegría a partes iguales el nacimiento de “Tetraedro”, legado poético de un joven Jorge Loira fallecido en 1982 y que ahora renace en este libro gracias al empeño de una familia empeñada en rescatar su obra.

Solo faltaba él. O quizás no, porque como dijo su padre, “aínda que non está con nós físicamente, sei que está aquí”. El espíritu de Jorge Loira estuvo ayer presente más que nunca en el Centro Social do Mar de Bueu, donde se editó a título póstumo una antología poética de este joven fallecido en 1982 cuando solo contaba con 18 años de edad. Más de 30 años después, amigos, familiares, conocidos y vecinos se dieron cita en el acto de presentación de un libro que recoge el legado poético de un Jorge Loira que parecía llamado a ocupar un lugar relevante dentro del panorama poético gallego.

“Tetraedro” vio ayer la luz en una acto en el que estuvieron presentes, entre otros, Jorge Loira Santos, padre del poeta; su hermana María Loira; el director y un colaborador de la Editorial Elvira, Javier Romero y Hugo Rodríguez, respectivamente; y el alcalde de Bueu, Félix Juncal. Fue un acto de evidente emotividad, a pesar de las palabras de su hermana María, pidiendo que “por favor no estéis tristes. No queremos transmitir dolor” ya que “él lo ha conseguido. Está publicando su libro”. Pero para muchos, como apuntó su padre, “a través da palabra escrita é como se acabase de despertar” este joven que comenzó a escribir poesía con 13 años, bebiendo en fuentes como las de Neruda, Rilke, Pessoa o Elliot, entre muchos otros.

“Tetraedro” nace del talento de Jorge Loira, pero también del empeño y la implicación de su hermana, capaz de aglutinar esfuerzos para recuperar y organizar toda su obra. Una obra de la que ayer se ofrecieron varias pinceladas, con la voz de su profesor Pablo Diéguez (que leyó “Gotas de pena”), de su excompañero Salvador Rodríguez (que puso sentimiento a “A Elena”) y de su hermano Cristóbal (que leyó “Soy hijo del anonimato”). Javier Romero, por su parte, tomó la palabra para exaltar su sorpresa por “el hecho de haber muerto prematuramente pero tener una obra tan extensa y un estilo propio”. Previamente se proyectaron fotografías y algún vídeo para repasar la vida de este joven que ayer cumplió un sueño 30 años después de su muerte.

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